Entre la deshumanización del marketing y la lealtad a la historia: un análisis sobre cómo el saencismo vacía de contenido las banderas del pueblo, convirtiendo la política en un trámite administrativo y la militancia en una pieza intercambiable de la maquinaria burocrática. Foto/reel: El Expresso
Por: MARÍA VICTORIA BRAVO
El saencismo, con sus conductas y prácticas noventistas, expresa cabalmente la posmodernidad; es un hijo de su tiempo. Representa el ejemplo más claro de la política líquida desarrollada por Zygmunt Bauman: un espacio desideologizado, cambiante y superficial, donde el pragmatismo sustituye a la doctrina.
No deberían sorprendernos los actos fallidos del Gobernador (una de las tantas manifestaciones del inconsciente, según Freud), que ponen de manifiesto lo que verdaderamente piensa del Justicialismo: una herramienta de construcción de poder sin significación política ni doctrinaria. Esta vacuidad le permite aliarse con sectores que sostienen que la Justicia Social es una "aberración" y que coquetean con el negacionismo.
Esta lógica posibilita que el trabajo político territorial —aquel de encuadramiento y lucha por las problemáticas que afectan al pueblo— sea sustituido por una red clientelar. El saencismo cambia la base fundamental del peronismo, la Justicia Social, por un asistencialismo vacío. Este vaciamiento doctrinario habilita una praxis líquida caracterizada por conductas mercenarias, oportunistas y, en ocasiones, violentas.
¿Le interesa realmente al saencismo la causa de los Derechos Humanos? Los hechos remiten a una respuesta negativa: su ausencia ha sido la norma en cada 24 de marzo. La marcha de este último martes solo fue utilizada como un escenario de confrontación contra el Partido Justicialista de Salta, y se ejecutó de la peor forma: con militancia rentada, prepotencia y una actitud patoteril en una jornada donde deberían predominar la empatía y la unión.
Es en esta instancia donde queda de manifiesto la banalidad del mal. En la confrontación de estos dos espacios, se evidencian modelos antagónicos:
* El Partido Justicialista: que transita una nueva etapa, colocando a la doctrina como esencia de la transformación y motor del trasvasamiento generacional. Reivindica la Comunidad Organizada, donde los organismos de DD.HH. están por encima de las diferencias partidarias y se honra la Memoria, la Verdad y la Justicia por convicción, no por conveniencia.
* El Saencismo: donde prevalece el individualismo y la idea del ser humano como un engranaje más de la maquinaria burocrática; un sujeto que cumple órdenes sin reflexionar sobre el dolor, la justicia ni el daño que pueda ocasionar. Es la política de la amenaza: militantes que deben cumplir lo mandado bajo riesgo de perder su empleo.
En este esquema, la política deja de ser un acto de compromiso humano y la dignidad de la persona deja de ser su centro fundamental. Frente a esta vacuidad, el trasvasamiento generacional que pregonamos no es solo un cambio de nombres, sino una rebelión ética: devolverle el alma a la política para que vuelva a ser la herramienta de liberación de nuestro pueblo.



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